Social Toy- Compartir en El Parque

¿Como se le ocurre a alguien dejar juguetes en un parque?

La idea nació en Barcelona, en el Parque de Paseo San Juan. Dos madres Sarah Rink y yo, Marta Ros, asiduas al parque, nos encontramos y hablamos casi cada día. Nos conocemos desde hace años, cuando vivíamos Barcelona desde otro punto de vista. Sarah se fue a Londres cuando no teníamos hijos…y ahora ha vuelto con Noah y a mí me ha encontrado con Bera y Eki.

Nuestra idea es que si colaboramos todos en mantener y guardar los juguetes, habrá siempre juguetes para los niños, y tu no tendrás que traerlos cada día. Es nuestra esperanza de que el bien común gane. Al principio fue un experimento, ahora ya es parte del parque….y queremos que muchos parques se unan al MOVIMIENTO SOCIAL TOY.

Padres y madres de muchas partes del mundo se han puesto en contacto con nosotras para poner una caja Social Toy en su parque. Tu también puedes hacer parte de esta iniciativa. Escríbenos, y estaremos encantadas de ayudar: socialtoybcn@gmail.com.

Es una iniciativa solidaria, una nueva forma de jugar compartiendo entre todos los niños. En los parques Social Toy  encontrarás una caja repleta de juguetes, que ha sido colocada de forma voluntaria, por padres y educadores para el uso y disfrute de todos los pequeños. Debemos cuidarla como si fuera propia, y respetarla porque es de todos.

Así que Sarah  y Marta ponen a disposición de todos este maravilloso movimiento social y nos dejan en su web, las herramientas para desarrollarla. La mejor forma de transmitir un valor, es a partir del ejemplo y la práctica. Social Toy es una nueva iniciativa donde lo importante es compartir y asi la transmito a todos Los Parqueros, para desarrollar el valor del compartir, básico para otros como la solidaridad, la generosidad o el respeto.

Inicia un Social Toy.

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La infancia es la mejor época de la vida para sembrar la esencia de la educación emocional

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE DECIR LO QUE SENTIMOS?
Desde los estudios de Carl Ranson Rogers en los años 1940 y de Daniel Goleman (1996), la noción de «inteligencia emocional» y la idea de que expresar, conocer y encauzar adecuadamente las emociones es necesario y beneficioso están plenamente aceptadas. Según afirma Goleman: La investigación científica ha demostrado que la autoconciencia, la confianza en uno mismo, la empatía
y la gestión más adecuada de las emociones e impulsos perturbadores no solo mejoran la conducta del niño, sino que también inciden muy positivamente en su rendimiento académico (1996, p. 12).

De hecho, el aprendizaje social y emocional, según este autor, aumenta la capacidad de aprender de los niños, al tiempo que evita la aparición de problemas como la violencia. Las personas que no conocen sus emociones (o que no son capaces de gestionarlas, lo cual puede, fácilmente, ser consecuencia de lo anterior) acaban siendo víctimas de sus propias emociones. ¿En qué sentido? Se
dejan llevar por ellas sin saber muy bien a qué comportamientos les pueden conducir. La ira sin control puede desembocar en una acción violenta (incluso en un delito); una tristeza larvada, no identificada a tiempo, puede convertirse en una depresión de gravosa cura; llevados por la euforia, podemos acometer tareas cuyo sentido o cuyos beneficios, días después, observada la situación con sosiego, parecen inexistentes.

En otras ocasiones, las personas que desconocen sus emociones o no son capaces de canalizarlas adecuadamente acaban dejándose llevar por las emociones de otras personas, que toman el control. De este modo, al estar guiadas por la brújula de otro, no es difícil que se sientan perdidas o que perciban insatisfacción, falta de acuerdo entre sus deseos y la realidad que ellas mismas fabrican a diario. Como vemos, la falta de control sobre nuestras emociones puede acabar generando la sensación de que vivimos sometidos a un «hado», de acuerdo con el cual está escrita nuestra historia (que a menudo se repite), sin que nosotros podamos hacer nada para cambiarlo.

Como planteó el neurólogo portugués António R. Damásio, Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, «las emociones no son un lujo» (2004, p. 154). 
Pensemos, además, en lo contraproducente que puede resultar no conocer las propias emociones. Ese desconocimiento puede llevarnos a la negación, al arrinconamiento de lo experimentado e, incluso, a su represión. Que lo adormecido acabe aflorando no es más que cuestión de tiempo. Pero ¿el paso del tiempo nos garantiza haber desarrollado una aptitud para afrontarlo? No, si nuestra ignorancia perdura… Afortunadamente, muchas personas se han dedicado a estudiar este campo, y hoy existen multitud de recursos para educar nuestra parte emocional. De hecho, como veremos más adelante, incluso los currículos escolares recogen la necesidad de formar a niños emocionalmente competentes.
La infancia es la mejor época de la vida para sembrar la esencia de la educación emocional y para trabajar este aspecto de nuestro ser. Esto ayudará a conseguir que los niños se conviertan en adultos saludables para sí mismos y para el entorno en el que viven.

Palabras Aladas SL 2013